Cultura, Turismo y Desarrollo Regional

Roberto Portugal, Presidente de la Universidad Global y Corporación Khipu de Cusco.

A propósito del Tercer Encuentro Nacional de Cultura – Cusco, hago mi crítica constructiva a nuestro Ministerio de Cultura del Perú, el que en mi opinión hace un pésimo papel como administrador del turismo en el Santuario Histórico de Machu Picchu.

El DS 006-2013 MC: Una lectura entre líneas

Desde la Presidencia del Gobierno Regional y atendiendo al malestar expresado por el pueblo del Cusco, se está propiciando la derogatoria del Decreto Supremo 006-2013-MC, en donde se propone una nueva fórmula para repartir los ingresos generados por Machu Picchu. Así, hasta un 50% de los mismos deberán transferirse a la sede central del Ministerio de Cultura para ser destinados a la recuperación y preservación de los tramos del proyecto Qhapaq Ñan en el resto del país. Sin embargo, esto último no es una novedad, puesto que el proyecto de Caminos Inca dentro y fuera del Cusco, siempre tuvo como fuente de financiamiento a Machu Picchu.

Nadie en el pasado se pronunció en contra de esa medida. Es más, la mayoría de cusqueños estuvimos de acuerdo toda vez que entendimos la importancia de preservar nuestro patrimonio cultural, apoyando la labor del actual Ministerio de Cultura (antes INC)  para conservar el patrimonio monumental e inmaterial del Cusco, labor elogiada incluso por la propia UNESCO. Más aún: Nos parece muy bien que las rentas generadas por las actividades turísticas sirvan para tan elevado propósito. De otra forma, ¿Cuál sería el estado de conservación de Machu Picchu al no disponerse de esos fondos? Y ¿Qué más se podría hacer si multiplicáramos en 4, 5 ó 10 veces dichos ingresos? Esto último, tomando en cuenta que el proyecto del nuevo aeropuerto internacional del Cusco está en marcha.

En realidad lo que más nos preocupa es que en el citado Decreto Supremo no se haya tocado el verdadero tema de fondo: La gestión del uso público de Machu Picchu (léase uso turístico). Un asunto donde se ha privilegiado posiciones ideológicas anacrónicas e intereses de orden político en las que el turismo es sistemáticamente denostado por algunos funcionarios locales como el oscuro y mercantil enemigo de la conservación del patrimonio cultural, posición repetida a manera de irresponsable política cultural en todos los foros internacionales a los que se invita al Cusco. Así, mientras PromPerú y los organizadores de viajes se esfuerzan por alentar las visitas al Perú, el Ministerio de Cultura indica que a Machu Picchu no puede entrar ni un turista más.

Recordemos que Machu Picchu es el principal destino turístico del país. En 2012 se registraron más de 1.2 millones de arribos al Cusco, generando miles de puestos de trabajo y oportunidades de inversión. Sin embargo, no podemos negar que en el camino se han gestado indeseables oligopolios y posiciones de poder, debido a la falta de planificación, inexperiencia, corrupción y desidia de nuestras autoridades, hasta definir un modelo de desarrollo turístico asimétrico pero que a la vez confirma al sector como la de mayor fortaleza y potencialidad para el progreso. Por eso, al referirnos a la gestión turística de Machu Picchu no lo hacemos como un tema accesorio ni de escasa significación. Todo lo contrario. Estamos hablando de nuestro futuro.

¿Quién y cómo debería gestionarse el turismo en el Santuario de Machu Picchu?

Consideramos que el Ministerio de Cultura ha sido hasta hoy un pésimo administrador de la actividad turística en el Santuario Histórico de Machu Picchu. Su anterior Plan de Manejo, hoy legalmente obsoleto, dedicó solo un par de páginas al crucial tema de su uso público y fue diseñado ignorando a los actores de la actividad turística: turistas y prestadores de servicios turísticos. Su único interés fue establecer un límite a las visitas a la ciudadela de Machu Picchu y un tramo del Camino Inca, para desviar la atención de lo realmente importante: Su gestión eficaz y eficiente.

Como consecuencia, hoy tenemos un lamentable y peligroso desbalance entre la superlativa calidad de los atractivos turísticos del Santuario Histórico de Machu Picchu y una operación turística sin la infraestructura, equipamiento y servicios que respondan a una administración especializada en la gestión del uso público de áreas protegidas y sin la direccionalidad o estrategias que sustenten los programas de inversión, ni los servicios destinados a maximizar la calidad de las experiencias de los visitantes. Por el contrario, la Autoridad de Cultura ha fomentado un insostenible énfasis del uso turístico centrado en la visita a la ciudadela, teniendo una vasta riqueza cultural y natural desaprovechada; insistiendo en un obsoleto protocolo de visita ideado en tiempos de Bingham y con una explicación e interpretación del sitio librada al humor e inspiración de los guías y operadores, cuyas actividades in situ nadie norma ni supervisa.

En otras palabras, la famosa capacidad de carga es solo un pretexto para disimular la incapacidad del Ministerio de Cultura para organizar un eficiente sistema de gestión de visitantes con un inteligente y diverso sistema de accesibilidad, respetuoso del paisaje, la ecología y los valores culturales protegidos. Con centros y programas de interpretación y educación para una diversa cartera de experiencias de viaje, pensada no sólo para los extranjeros sino para los peruanos y particularmente nuestros niños y jóvenes. Con guías certificados que conduzcan a los visitantes por rutas y circuitos temáticos, cuyos servicios se sustenten en la investigación científica que hoy están ausentes. Con programas que controlen y minimicen los impactos negativos del turismo a nivel ambiental, ecológico, social y cultural, y en el contexto de un ordenamiento del territorio que contemple no sólo la conservación, sino también la necesidad de comunicar y educar a sus visitantes.

Así pues, se hace necesaria una urgente reingeniería de su actual operación. Que la atención se mueva paulatinamente desde la Ciudadela hacia otros destinos dentro del mismo santuario, después se proyecte hasta una Reserva de Biosfera bajo la marca turística Machu Picchu y que incluya Choquekiraw. Que se promueva la ruta de los últimos Incas al Pongo de Mainique y Quillabamba, combinando experiencias entre naturaleza, aventura y el turismo de especialidad con la vasta riqueza intercultural. Finalmente, crear el nuevo destino Cusco-Machu Picchu-Amazonia articulado a Nazca, Manu, Valle del Colca y el Titicaca, para competir con éxito globalmente las próximas décadas.

Dichas tareas superan a las atribuciones y responsabilidades del Ministerio de Cultura y deben recaer más bien en el Gobierno Regional y el sector turismo. Sin embargo, mientras el primero mantenga su control sobre Machu Picchu, debe hacer coincidir su responsabilidad con las tareas del desarrollo regional y del sector turístico.

Ese debería ser el sentido del esperado dispositivo legal que reemplace al DS 006-2013-MC y definitivamente la actualización del Plan de Manejo del Santuario Histórico de Machu Picchu. Hacerlo será asegurar muchas y mejores rentas para salvaguardar nuestro patrimonio cultural mientras se promueve el desarrollo regional y consolida el turismo hacia el sur del Perú.